Instrucciones para una carnita asada

“Saca el asador al patio y luego el carbón de la bolsa. Quítale la parrilla con cuidado. Vacía casi todo el carbón con cuidado de no tiznarte y hazle una casita para comenzar a prenderlo. Arroja el fuego del cerrillo y espera. Ventila poco a poco y hasta que “agarre” la llama, sopla aún más fuerte con el ventiladorcito. Ahora todo está listo para comenzar a cocinar. Toma el tomahawk, ponle las especias esas que compramos del costco y échalo al fuego sin partirlo, así completo para que no se vaya a secar. Cinco minutos por lado y lo vas volteando , revisando poco a poco su cocción. Más o menos en una media hora estará listo pa’ tres cuartos o bien cocido. Para las hamburguesitas, tráetelas del congelador (ya estarán previamente preparadas y conformadas) y ponlas ahí. Igual, pero par de minutos por lado y también las volteas unas cuatro o cinco veces. Observa cómo se inflan: no las vayas a pinchar, ya que todo el sabroso juguito se encuentra en su interior. Ésa es la clave”.

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Carne para hamburguesas| Lomokino + Fuji Neopan Acros 100 revelado en cafenol

Instante dentro de la máquina

Es medianoche. Quiero estar dentro de la máquina. Necesito presenciar completamente todo el acto físico y químico inicial que tiene lugar en la fotografía analógica. Preciso ver las ondas luz que atraviesan los múltiples elementos del objetivo de la cámara, abriéndose paso a través de cada uno de ellos, cambiando de forma, ensanchándose, contrayéndose y viceversa con un vaivén particular,  hasta tocar suavemente la superficie de la película fotográfica -lenta y con parsimonia al compás de la suite n° 1 para violonchelo de Bach-. Así, podré percibir poco a poco cómo se transforman individualmente todos los cristalitos de plata de la emulsión, que al final darán cabida a la imagen latente, ésa que se guardará eternamente como un momento ínfimo del pasado. Hecho esto, mi deseo y frustración noctámbulos serán satisfechos. Estoy soñando despierto.

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Dentro de la cámara | Canon T70 + Vivitar 17-24mm | Ilford Delta 400 revelado en cafenol

Un día de otra carrera

Ése día volvía a la escuela que tanto me dio durante casi diez años. Volví para hacer montón en una carrera de casi siete km. Ya me he justificado antes de que no soy constante en esto pero al menos me mantengo en activo. Me da gusto encontrarme con caras conocidas que siguen haciendo este bello deporte, entre ellos algunos ex-alumnos entrañables. Sabía que, por el entrenamiento de aquellos días, mi tiempo mejoraría en esa distancia un poco y  me sentiría mejor respecto del año pasado.

Al abordar a la pista, de lo que parecería un carrera fresca y tranquila, a los pocos instantes de iniciar el sol terminó por vencer y cayó con aplomo durante todo el rato. Para mí, esta hora, clima y tiempo del año no es muy agradable (abril, después de las 8 am). No aguanto por mucho tiempo estar en el sol, a pesar de que siempre he mencionado que me gusta más la época de calor que de frío.

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Lo más complicado de esto -hablo desde mi trinchera, no soy atleta o experto, ni mucho menos- es mantener el ritmo constante, sin distraerte, manteniéndote enfocado en cada paso hasta finalizar. Si se van tomando fotos en el camino la cosa cambia mucho, porque por fuerza debes bajar el ritmo, aunque sea mínimo, para lograr encuadrar y tomar el instante deseado. Tal reducción es suficiente para perder el paso, haciendo difícil la tarea de retomar la velocidad adquirida hasta antes de la foto. Tomar fotos de calle me ha permitido mejorar bastante en este sentido.

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Aunque al inicio comencé despacito para ver la luz, capturar algunas escenas y no cansarme muy rápido, continué un poco más allá del trayecto a una buena velocidad, logrando superarme ( ya no tomé fotos en los últimos tres kilómetros). No solamente yo lo experimenté, fue bueno ver a otros que poco a poco van venciendo sus propios tiempos y con ello los fantasmas del pasado. Fue una buena carrera.

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El siempre difícil puente, al inicio de la carrera | Todas las fotos con Olympus XA2 @ Tmax 400

Levantarse, parte dos (breve)

Son días en los que comienza el calor de la primavera, por lo que encuentro el clima de mi cuarto pequeño un tanto insoportable, desde el primer momento de la mañana. No hace falta decir que dejar abiertas completamente cortina y ventana desde la noche es un error que se paga con malestar tempranero. Todo esto ocurre si me paro tarde de la cama porque no presto atención a mi alarma del celular, que hace las veces de gallito electrónico y el cual percibo cada día más calmo (mi cama ha estado inusualmente más cómoda últimamente).

Si llego a ponerme de pie antes de las 6:30 am, gano un poco de tiempo y logro ver la última parte del amanecer; es hermoso, sin duda y me hace pensar que todos los días tendrán buena pinta.  Con la cortina parcialmente abierta y el torso desnudo, recibo el gradiente de temperatura a cada instante que pasa, me activa y hace que sude un poco hasta que se vuelve insoportable. No me he acostumbrado a tal exposición de radiación tan intensa y directa en las mañanas, soy un night owl. Cierro las cortinas y regreso a alistarme para el resto del día.

 

Desde mi tierra, hacia el cielo

El lugar donde percibo la vida está lleno de peculiaridades. Sitios comunes pero especiales porque la naturaleza en realidad nunca se va. Ella permite que nuestras vidas cobren sentido al alejarnos de nuestro estado aislado de humanidad y acercarnos a lo que siempre debió ser. Paraíso semidesértico que adoro, de rojos atardeceres, blanquecinas nubes y verdes cactáceas dadoras de vida y esperanza con su sola presencia, espero que nunca se vayan, porque si desaparecen, mi tierra terminará su epitafio y el cielo vendrá en su búsqueda.

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Encuentro | Lomo Instant Automat + Fuji Instax

La inhumanidad gana terrreno cada día que pasa en aras del “progreso”. ¿Hasta cuando durará este teatro? Todos sabemos que podemos, sí podemos vivir en equilibrio, como el día y la noche, la vida y la muerte, la oscuridad y la luz.. Pero todos estamos tan preocupados por nosotros mismos y por una vida mejor, repleta de materialismos; aunque lo neguemos, que para eso vivimos, que porque lo merecemos. Pero la naturaleza no nos merece. El último día, cuando cielo y tierra sean uno mismo, será tarde y comprenderemos que podríamos haber estado en  paz, desde mucho antes del cataclismo tan necesitado ahora. Quizá ya es tarde.

Levantarse, parte uno

Me desperté tarde no porque  no quiera ir a la escuela como niño chiquito -aunque más de veinte años seguidos de ir a clases ya empiezan a cansar a esta edad- sino porque los “cinco minutitos más” se convirtieron en una hora y media. Me he levantado con una caricia tibia del sol por mi ventana porque no cerré la cortina anoche y lo cual agradezco. El astro rey me da un impulso para que no esté deprimido, acostado y pensando cosas tristes, depués de mi maravilloso sueño lleno de dolor porque me dormí sobre la mano izquierda y tengo congelada la nariz.

Salirse del abrazo de la colcha de tigre requiere ahora de un poco de valor. Es invierno congelante y no quiero quitarme la pijama, por ello, me pongo una chamarra y recapacito a un lado del la cama si es buena opción otro ratito sin hacer nada. Sería un crimen pararse con un friazo; a 5 °C nadie debería obrar y todos deberíamos seguir hasta el hartazgo pegados como lapas a las sábanas, calientitos.

Tengo frío | Olypus XA2 + Fuji Acros 100 revelado en Caffenol

Desvestirse y cambiarse de ropa es una tarea sólo para el más veloz, contra reloj, para no estar en equilibrio térmico con el cuarto que parece un bendito refrigerador. Por supuesto que ahora el piso está hecho de témpanos de hielo que evito pisar descalzo. Bañarse no está agendado sino hasta el día siguiente, soy un temeroso del agua fría desde siempre y el boiler está a 10 metros, así que hecharse agua es inverosímil. Mi torso desnudo reclama desesperadamente una chamarra y más de dos prendas encima cuando me tardo en poner los zapatos, pero entra en calma cuando abro un poco más la cortina,  para que reciba de frente toda la luz  del sol, cada vez más alto. Al par de minutos, comienza el típico cosquilleo en la piel: Ya casi no tengo frío, ya puedo tender la cama.

 

 

Un poco del “street photography”

Ahí está, una prueba más de que la fotografía de calle es absurda. Nada que ver, nada que retratar. Lo cotidiano no tiene nada de especial. Esperar a que pase algo que no se ve todos los días, sí, pero ése no es el objetivo de la fotografía de calle. Es tratar de interpretar lo que todos ven pero nadie observa, propiamente reflejado en sus propios sentimientos.

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Elegir un par de esquinas y contemplar todo lo que sucede por al menos un par de minutos, con la mente despejada, es un buen inicio para una foto de calle. Cosas cotidianas, como las luces del tráfico, pueden convertirse en retazos con algo más, ayudado con la suciedad del pavimento; quizás un pobre intento de collage de kinder (todas mis fotos) o una nueva obra maestra de la fotografía contemporánea.

Siempre es válido tomar la foto desde el suelo, porque asusta en menor medida a las personas del entorno- si usted que lee esto gusta del espacio negativo a mitad del fotograma, amará esta técnica – . Algo que no debe pasarse por alto es tratar lo menos posible de alterar el flujo natural de las cosas. No está permitido tocar ni modificar la escena. Sólo estar ahí como un ente invisible (de por sí). ¡A menos que exista un suculento puesto de comida que arruine todo!

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Me gustaría que el término de fotografía de calle no se trate de encontrar la fotografía perfecta para mostrar a todo mundo que eres la ostia y puedes convertir carbón en oro. Me encantaría que fuera sobre el autodescubrimiento de la persona misma y la pequeña burbuja donde acontece su vida. Con ello se pagaría un alto precio: Al final, las fotos pueden resultar basura a los ojos de casi todos (incluso si se fotografía basura para darle una interpretación como en el arte moderno, literalmente), sólo no olvidemos el lado romántico del asunto; estas obras son totalmente subjetivas.

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Basurero de noche | Todas: Olympus XA2 + Fuji Acros 100 revelado en Caffenol

Otro breve atardecer para correr

No pienso dejar de hacer esto durante un buen rato. Sé que no soy el mejor, dado que ni si quiera puedo mantener un ritmo constante durante mucho tiempo. Pero el tiempo que he estado acá si he visto que puedo alcanzar nuevos límites gracias a nuevos retos que no habría imaginado antes.

A veces las condiciones no son las más favorables: Siempre hay carros que molestan, la pista para caminar está llena de piedras, hoyos y pasto urticante, hay perros que salen de repente y hacen que tropieces, el rudio de las torres de alta tensión me da miedo cuando hay tomenta eléctrica, el pavimento tiene muchos baches por un lado de la banqueta haciendo que se me doblen los tobillos siempre que paso de noche. O incluso puedes perder el piso contra tu voluntad, como me sucedió el primer día, así sin más.

 

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El largo camino | Olympus XA2 | Kodak ProImage 100

Regresé a por la tarde, las mañanas de este semestre son muy frías como para salir a esa hora. A pesar de que me pierdo los amaneceres y que ahora sólo es oscuridad con una muy muy pequeña fracción del atardecer sigo disfrutando de la emoción de recorrer un metro más (sobre todo cuando voy de bajadita). Espero que las luces del tráfico y un poco de bullicio logren inspirarme para aún más fotos con un tanto de estilo lomográfico.

 

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Cruce | Olympus XA2 | Kodak ProImage 100

Me gusta terminar y a veces quedarme sentado un par de minutos viendo pasar el tráfico; todos tienen tanta prisa todos los días. Espero estas personas tengan también algo que, por un momento, despeje su mente y ayude a descansar y pensar con mayor tranquilidad.

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Descanso | Olympus XA2 | Kodak ProImage 100

 

Detrás

Es un problema constante tener que lidiar contigo: Piensas que todo es fácil, por lo que siempre terminas por arruinarlo. Así sucede desde que tuve el atrevimiento de entrar en un universo alterno, donde tengo que observar todo a detalle para no caer en la trampa de pensar que todo es bello y digno de apreciar. Lo que no páso fue percatarme -lo cual lamento profundamente-  que tú llegarías a vivir dentro de mí; nunca pude ver que te encontrabas detrás del lente, hasta ahora.

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Sujeto detrás | Canon T70 |Fuji superia 400

Espero que pronto dejes de creer que tu realidad es la mía. Aunque no soy capaz de elegir quien entra y sale de mi vida en cada circunstancia de relación social, sí puedo darme el lujo de no aceptarte e ignorarte dentro de mi mente (como lo hice en un breve instante de mi pasado reciente; sí, te extrañé) aunque te vea todos los días y a todas horas, incluso si no estás presente frente a mis ojos.

Tarde ya es para lamentarme pero tengo la solución:  Ten por seguro que tu imagen y actitud perjudiciales quedarán dentro de tantas fotografías que sólo podré traerlas de nuevo a la vida -si llego a extrañarte de nuevo- al quemarlas todas al mismo instante (fecha, momento y lugar exacto) donde te ví  y sentí por primera vez.

Tengo algunas desde hace tiempo. Ya he comenzado.

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Sujeto culpable | Polaroid mini portrait 403 | Polaroid de rayitas

Breve despedida desde la “cafe uno”

Llego por la puerta principal,  y entro a la “cafe uno”. Ahí me siento frente a la salida que da hacia el prado de los fresnos y las mesas de fuera. Son cuarto para las 9 am y la escuela está casi vacía, es el último día de clases. Al tomar poco a poco un café que recién compro, me pongo a pensar en todo lo que he pasado por acá y en especial desde esta vista. Cambios interminables, no sólo del edificio en el que me encuentro, sino propios, físicos y sobre mi forma de ver la realidad. Me adentro poco a poco en el pasado:

Cuando estaba en primer semestre y comía dos veces por semana ahí; me sentía muy extraño porque eran las primeras ocasiones que no estaba en casa por un tiempo prolongado.  Meditaba en ese momento: ¿Cómo será mi futuro en este lugar? ¿Llegaré a acostumbrarme a todo esto?  Con el paso de los semestres me habitué a estar y pasar por aquí, sólo o con amigos y compañeros, que fueron de diversos gustos a la hora de degustar los alimentos y cuya forma de contar sus deventuras era muy especial.

Recientes recuerdos de los últimos años de amistades entrañables y relaciones que nunca olvidaré se sucitaron con este última vista. Por ejemplo, aquellos días cuando una mujer con los ojos más lindos que he visto (y no podía dejar de perderme) se sentaba conmigo, cuando pasaba maravillosos momentos con mi primer novia compartiendo la comida para después irnos a las gradas, o bien, todas aquellas ocasiones en las que el joven Óscar no se terminó nunca su ensalada.

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“Cafe” 1 por la mañana | Olympus XA2 | Kodak Tmax 400 en nescafé cargado

Termino mi café y me dispongo a abandonar la mesa, el edificio y el espacio mental. Toda memoria pasada siempre formará parte de mi corazón, en especial aquellos días en que la esta área en particular, se tapizaba por las hojas caídas de otoño y su sonido al crujir con los apresurados pasos de alguien que también recordará con especial cariño al “tecno” como ahora lo hago.